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«El que entienda quién controla el grifo tendrá una ventaja que no aparece en ningún screener.»

— De una carta trimestral reciente

Una de las decisiones estratégicas más importantes de cualquier cartera de largo plazo es qué peso dar a los llamados activos reales. La distinción entre activos reales y activos financieros suena académica, pero tiene consecuencias muy concretas en periodos de inflación, en crisis financieras y en escenarios donde la promesa abstracta de un balance vale menos que el ladrillo concreto que sostiene un negocio.

Os explico qué son, por qué importan y cómo se reflejan en la cartera de Castañar Investment Fund.

Qué es un activo real

Un activo real es aquel cuyo valor está respaldado por algo físico, productivo o tangible: una mina que extrae cobre, un terreno agrícola, una infraestructura energética, una flota de barcos, una marca con clientela demostrada. Por contraposición, los activos financieros puros (bonos del tesoro, derivados, deuda corporativa de baja calidad) son promesas de cobro que dependen exclusivamente de la solvencia de quien las emite y de la confianza del sistema.

Por qué protegen contra la inflación

Los activos reales tienen una característica particular: su precio tiende a subir cuando sube la inflación, porque los costes de reproducirlos (construir una nueva fábrica, abrir una nueva mina, comprar un nuevo terreno) también suben. En periodos inflacionistas serios, los bonos pierden valor (su cupón fijo vale menos en términos reales), pero los activos reales sostienen su valor o incluso lo aumentan.

El periodo 2020-2024 dejó este aprendizaje muy claro: las carteras concentradas en bonos largos sufrieron mucho con la subida de tipos, mientras que las que tenían exposición a materias primas, infraestructuras energéticas, REITs y compañías ligadas a activos físicos defendieron mucho mejor el poder adquisitivo del partícipe. La macroeconomía es el mar por el que todas las empresas navegan; los activos reales son los barcos con quilla más profunda.

El reto: no caer en el sesgo opuesto

Defender activos reales no significa rechazar todo lo demás. Una cartera 100% en oro y minería sería tan desequilibrada como una 100% en tecnología sin caja. La idea es tener una proporción de activos reales suficiente para que la cartera no dependa exclusivamente de la promesa abstracta del sistema financiero. La proporción exacta depende del perfil de cada inversor y, como casi todo en este oficio, del precio al que se compra.

Cómo se refleja en la filosofía de Castañar IF

La preferencia por activos reales es uno de los pilares declarados de Castañar Investment Fund (junto con value flexible y skin in the game). En la práctica, esto se traduce en la composición sectorial de la cartera, que tiende a sobreponderar negocios con activos físicos identificables y subponderar negocios cuyo valor depende solo de promesas contables o tipos de interés bajos.

La composición sectorial actual y la lista de las principales posiciones se publican en cada carta trimestral del fondo. Podéis consultarlas en castanarfund.com/blog/ (sección Cartas a los partícipes). Allí veréis con qué nivel de detalle el equipo del fondo explica cada decisión.

Tres tipos de activo real que típicamente están en una cartera value

  • Materias primas y energía. Compañías mineras, petroleras, gasistas, productoras de uranio, etc. Su valor está literalmente bajo tierra.
  • Infraestructura. Concesionarias de autopistas, aeropuertos, redes eléctricas, oleoductos. Fabricantes de “chapa y pintura”. Generan flujos predecibles, suelen estar reguladas y son difíciles de replicar.
  • Inmobiliario y agrícola. Terrenos, edificios productivos, REITs especializados. Activo físico con valor intrínseco identificable.

Lo que NO es un activo real

  • Una empresa que cotiza pero cuya principal valoración está en una promesa de crecimiento futuro sin caja consistente.
  • Bonos a largo plazo de calidad media o baja: dependen exclusivamente de la solvencia del emisor.
  • Productos derivados sin subyacente físico claro.

Para un inversor que construye patrimonio a largo plazo, tener una proporción razonable en activos reales es probablemente la mejor protección contra escenarios económicos extremos sin renunciar a la rentabilidad de la inversión productiva. Es, en otras palabras, ingeniería de robustez aplicada a la cartera: redundancia activa frente al single point of failure.

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Sobre el autor

Jesús Sánchez León es Asesor de Castañar Investment Fund, fondo value de small y micro caps global. Ingeniero aeronáutico de formación, escribe aquí sobre inversión, ahorro y finanzas personales para el inversor minorista. Más en castanarfund.com y en @jessanleon.

Aviso legal

Aviso legal: este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye recomendación de inversión, asesoramiento financiero personalizado ni recomendación de compra o suscripción de Castañar Investment Fund ni de ningún otro producto. La información sobre el fondo procede de fuentes públicas (web del fondo y folleto registrado en CNMV). Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. El valor de las inversiones puede fluctuar y no está garantizada la recuperación del capital. Consulte siempre con su asesor financiero antes de tomar decisiones de inversión, y revise el folleto y el documento de datos fundamentales para el inversor (DFI) del fondo.

Jesús Sánchez

Jesús Sánchez León es el asesor del Fondo Castañar Investment Fund (ISIN ES0116831027). Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, Máster en Value Investing y Teoría del Ciclo por OMMA Business School, y Executive MBA por la Universidad de Georgetown. Cuenta con las certificaciones de Asesor Financiero EIP y Project Management Professional (PMP), y es miembro de la Junta de Asesores del Programa Ejecutivo de la George Washington University School of Business. Antes de fundar Castañar IF, trabajó más de 12 años en la industria aeroespacial en España y Estados Unidos. En paralelo, durante más de 10 años, ha gestionado tanto su propio capital como el de terceros aplicando la filosofía de value investing combinada con el análisis de ciclos económicos.

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