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"Alguien está sentado a la sombra hoy porque alguien plantó un árbol hace mucho tiempo."

— Warren Buffett

La cita atribuida a Einstein sobre que el interés compuesto es la octava maravilla del mundo es apócrifa, pero la idea es muy real y muy poderosa: el interés compuesto convierte cantidades pequeñas en patrimonios serios cuando se le da tiempo suficiente. Si entendéis cómo funciona, hay decisiones que dejáis de aplazar.

Qué es exactamente

Interés compuesto significa ganar rentabilidad no solo sobre vuestro capital inicial, sino también sobre los intereses que habéis ganado en periodos anteriores. Cada año, la base de cálculo es mayor, así que la cifra absoluta de ganancia crece aunque la rentabilidad porcentual sea la misma.

El contraste con el interés simple lo hace claro: con interés simple ganáis el mismo importe cada año, porque siempre se calcula sobre el capital inicial. Con interés compuesto las ganancias se acumulan y empiezan a generar, a su vez, ganancias. Es la diferencia entre cobrar dividendos y reinvertirlos: si los gastáis, capitalizan cero; si los dejáis dentro, capitalizan a la rentabilidad del fondo.

Una tabla que vale por mil párrafos

Supongamos que aportáis 200 € al mes durante distintos periodos a una rentabilidad anualizada hipotética del 7% (orden de magnitud histórico de la renta variable global, no garantizado). Lo aportado y lo acumulado serían aproximadamente:

  • 10 años: aportáis 24.000 €, acumuláis ~34.500 €. Ganancia: ~10.500 €.
  • 20 años: aportáis 48.000 €, acumuláis ~104.000 €. Ganancia: ~56.000 €.
  • 30 años: aportáis 72.000 €, acumuláis ~243.000 €. Ganancia: ~171.000 €.

Mirad lo que ocurre entre los años 20 y 30: aportáis solo 24.000 € más, pero el patrimonio crece en 139.000 €. Esa es la magia del compuesto: la última década hace casi todo el trabajo, pero solo si habéis empezado a tiempo.

La regla del 72

Manera rápida de estimar cuánto tarda vuestro dinero en duplicarse: dividid 72 entre la rentabilidad anual esperada, en porcentaje. Al 7%, vuestro dinero se duplica cada ~10 años. Al 4%, cada ~18. Al 10%, cada ~7.

La regla no es exacta, pero sirve para comparar mentalmente productos sin coger la calculadora. Si os ofrecen una rentabilidad del 2% anual (la cuenta corriente media), vuestro dinero tarda 36 años en duplicarse. Si encontráis una rentabilidad real del 7%, lo lográis en 10. Eso explica por qué el sitio donde guardáis el dinero importa tanto como cuánto guardáis.

El factor que más pesa: el tiempo

Imaginad dos personas. Ana empieza a invertir 100 € al mes con 25 años y para a los 35. Aporta 12.000 € en total. Bruno empieza con 35 años y aporta 100 € al mes hasta los 65. Aporta 36.000 € en total, el triple. Suponiendo el mismo 7% anualizado, Ana acaba con más patrimonio que Bruno a los 65 años.

El motivo es que los primeros 10 años de Ana han tenido 30 años para componerse. Cada euro invertido a los 25 años trabaja durante 40; cada euro invertido a los 50 trabaja durante 15. La diferencia es exponencial. Y aquí no hay sistema de inversión que valga: la única manera de comprar tiempo es haberlo plantado antes.

Tres implicaciones prácticas para esta misma tarde

  • Empezad con lo que tengáis. 50 € al mes durante 30 años pesan más que 500 € al mes durante 5 años.
  • Elegid bien dónde guardáis el dinero. Una rentabilidad del 1% anual es muy distinta a una del 6% a 25 años vista. Las comisiones del producto se restan a esa rentabilidad: a 25 años, cada décima cuenta.
  • No interrumpáis la capitalización sin necesidad. Cada vez que rescatáis y volvéis a empezar, reiniciáis parte del efecto compuesto.

El tiempo es el único activo del inversor minorista que no se compra con dinero. Y, sin embargo, es el que más rentabilidad acumulada produce. La buena noticia es que en este juego, los lentos disciplinados ganan a los rápidos brillantes. La mala, que para empezar a usarlo no hay otro día que hoy.

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Sobre el autor

Jesús Sánchez León es Asesor de Castañar Investment Fund, fondo value de small y micro caps global. Ingeniero aeronáutico de formación, escribe aquí sobre inversión, ahorro y finanzas personales para el inversor minorista. Más en castanarfund.com y en @jessanleon.

Aviso legal

Aviso legal: este contenido tiene fines exclusivamente informativos y educativos. No constituye recomendación de inversión, asesoramiento financiero personalizado ni recomendación de compra o suscripción de Castañar Investment Fund ni de ningún otro producto. La información sobre el fondo procede de fuentes públicas (web del fondo y folleto registrado en CNMV). Las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. El valor de las inversiones puede fluctuar y no está garantizada la recuperación del capital. Consulte siempre con su asesor financiero antes de tomar decisiones de inversión, y revise el folleto y el documento de datos fundamentales para el inversor (DFI) del fondo.

Jesús Sánchez

Jesús Sánchez León es el asesor del Fondo Castañar Investment Fund (ISIN ES0116831027). Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, Máster en Value Investing y Teoría del Ciclo por OMMA Business School, y Executive MBA por la Universidad de Georgetown. Cuenta con las certificaciones de Asesor Financiero EIP y Project Management Professional (PMP), y es miembro de la Junta de Asesores del Programa Ejecutivo de la George Washington University School of Business. Antes de fundar Castañar IF, trabajó más de 12 años en la industria aeroespacial en España y Estados Unidos. En paralelo, durante más de 10 años, ha gestionado tanto su propio capital como el de terceros aplicando la filosofía de value investing combinada con el análisis de ciclos económicos.

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